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 La escuela escocesa St Ninians lo inició hace seis años: hacer ejercicios todos los días durante 15 minutos. Hoy ya es una tendencia mundial a la que se han sumado más de 3600 escuelas en 35 países
Fue un voluntario de 80 años el que instó a Elaine Wylie, que en 2012 era la directora de la escuela primaria de St Ninians en Stirling, Escocia, a evaluar el estado físico de los niños. "No están en forma", dijo el hombre, un comentario que le dolió a Wylie, a pesar de que en realidad sospechaba que era cierto. Así lo confirmó el profesor de Educación Física del colegio. "La mayoría están agotados sólo con el calentamiento".

Con esta confirmación sobre la mesa, la directora decidió enviar a una clase afuera para que corriera por el campo y así comprobarlo por sí misma. La mayoría de ellos se doblaron y no pudieron continuar. Les preguntó a los propios alumnos cómo creían que lo habían hecho y ellos mismos admitieron que muy mal, así que juntos decidieron que había que hacer algo: saldrían afuera a correr todos los días durante 15 minutos para ver si así conseguían mejorar su estado físico.
Un mes después, casi todos ellos podían hacerlo sin problema sin necesidad de parar. Varios meses después, todas las clases se incorporaron a la iniciativa, incluso los más pequeños. La 'Milla diaria' había nacido. Seis años después, la iniciativa de Elaine Wylie se ha extendido a más de 3600 escuelas de primaria en 35 países diferentes.
A principios de este mes se publicó un estudio de la Universidad de Stirling que examinó a 391 niños de dos escuelas primarias escocesas. Las investigaciones revelan que siete meses después de comenzar el reto de la milla (lo que equivale a un kilómetro y 600 metros), los niños podían correr un 5% más que los que no lo hacían. Además, también experimentaron una reducción del 4% en el tamaño de los pliegues de su piel, lo que sugiere que estaban adelgazando, un dato relevante ya que el 30% de los niños con edades comprendidas entre los siete y 11 años en Inglaterra y Escocia tienen sobrepeso u obesidad.
"Los niños que están haciendo la 'Milla diaria' están aprendiendo que es una rutina que hacen como parte de su día", dice Naomi Brooks, profesora de la Universidad de Stirling. De esta forma se establecían hábitos para toda la vida y se incrementaban las posibilidades de ser activo en la edad adulta.
Aún así, iniciativas como ésta son sólo una parte para solucionar el problema. El Departamento de Salud británico aconseja que los niños mayores de cinco años realicen al menos una hora de ejercicio todos los días (caminar, bicicleta, practicar un deporte, bailar, nadar...), pero sólo una quinta parte de ellos lo hace.
Por otro lado, en una encuesta nacional reciente, un tercio de los padres subestimó cuánto ejercicio necesitaban sus hijos. "Los padres y los niños sentían que la mayor barrera para ser más activos era la falta de tiempo", dice Susan Coan de la Universidad de Leeds Beckett, quien dirigió el estudio. "Los pequeños cambios pueden marcar una diferencia real, por ejemplo, caminar parte del camino a la escuela o jugar a videojuegos activos como parte del tiempo que pasan frente a la pantalla".
Pero no sólo se trata de mantener a raya el sobrepeso. También se descubrió que la actividad física impulsa el desarrollo del cerebro de los jóvenes, así como su intelecto. De hecho, en un estudio previo, Brooks descubrió que una sola sesión de ejercicio hacía que los niños se sintieran más despiertos y aumentaran su atención y memoria verbal, además de incrementar su sentimiento de bienestar. Y eso sin contar con los beneficios que ofrece hacer ejercicio al aire libre.
Beneficios que repercutirán positivamente cuando estos niños se hagan mayores. La niñez tardía y la adolescencia temprana son momentos críticos para crear hueso, que alcanza su densidad máxima en nuestros primeros 20 años, disminuyendo a partir de entonces. Cuanto mayor sea la densidad ósea durante la juventud, menor será el riesgo de sufrir fracturas y osteoporosis en la vida posterior. "La estimulación mecánica de nuestro peso atraviesa nuestros huesos, músculos y tendones cuando saltamos y estimula nuestras células óseas para que crezcan", dice Craig Williams, director del centro de investigación sobre salud y ejercicio infantil de la Universidad de Exeter.
También hay alguna evidencia científica de que cuanto más en forma se esté a los 18 años, menos probabilidades hay de tener problemas cardiovasculares en la edad adulta.
En los seis años transcurridos desde el lanzamiento de esta iniciativa, la mitad de las escuelas primarias escocesas y la cuarta parte de las inglesas ha adoptado el reto de la 'Milla diaria'. Tal es su éxito que la Fundación Daily Mile acaba de lanzar una versión para adultos, con la esperanza de inspirar incluso a las personas más ocupadas a incorporar 15 minutos de caminar, trotar o correr en su vida cotidiana. En cuanto a los niños de St Ninians, continúan corriendo fuera durante 15 minutos al día sin importar el clima.
 

Laurence Freeman

Existen pocas cosas tan transformadoras para la vida de una persona como la meditación. Laurence Freeman puede asegurarlo. Este monje y sacerdote benedictino, nacido en Londres, lleva más de 40 años enseñando a meditar a católicos y no católicos, a través de sus libros y de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana.
Freeman comenzó en esto de la meditación en la universidad. “Estaba en mi primer año de Literatura Inglesa cuando conocí a un monje llamado John Main. Había sufrido algunas pérdidas familiares y tenía bastantes preguntas, así que fui a verle. Al final de una de nuestras conversaciones me habló de la meditación. La primera vez que la practiqué pasó algo en mi corazón, algo que mi cerebro no entendía. Desde el primer momento supe que era algo muy auténtico, algo que quería explorar”.
Tras aquel primer contacto, comenzó a practicar con regularidad. Acabó ordenándose sacerdote y decidió fundar el primer Centro de Meditación Cristiana en Londres, en 1975, origen de la actual Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana que preside.
UN VIAJE AL CORAZÓN
El padre Freeman asegura que medita una media de cuatro veces al día, dos por la mañana, una al mediodía y otra por la noche. Una enorme experiencia avalada por sus palabras. “Para mí, la meditación es una forma de conectar con el centro de mi ser. Y como para San Juan de la Cruz, el centro de mi ser es Dios. La meditación sería el viaje que todos hacemos de la mente al corazón, el corazón como símbolo del centro del ser humano, del espíritu. Meditar es un respiro de paz, de energía, una forma de ser libres de los miedos, de la inseguridad, la ansiedad… En definitiva, es una forma de amor”, asegura.
No parece un mal remedio para una sociedad como la nuestra, en la que abundan -quizá más que nunca- miedos e inseguridades. Una idea que suscribe Freeman. “El ser humano es eminentemente el mismo, pero la intensidad de nuestros problemas ha crecido. Solo hay que mirar la crisis medioambiental, que es más peligrosa que antes porque es universal, algo que aumenta su magnitud”, afirma. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para obtener más riqueza, vivir más tiempo…? ¿Estamos dispuestos a perder la salud mental, la del planeta, la familia…?, se pregunta Freeman. “Corremos el riesgo de perder la humanidad. Y la meditación es una estupenda forma de recuperarla”, asegura.
MEDITACIÓN PARA TODOS
La meditación, como todas las cosas que merecen la pena de la vida, está al alcance de todos. Según Freeman, todos tenemos la capacidad de meditar. “La prueba es que el otro día fui a meditar con 120 niños de entre 7 y 11 amos en una escuela. Los niños tienen una capacidad natural para meditar y les encanta. Si les preguntas la razón dirán que les hace felices, les da tranquilidad. Tenemos un instinto natural para la meditación que conservamos a lo largo de nuestra vida pero que se va desdibujando porque vamos adquiriendo bagaje, nuestra vida se vuelve más compleja… y pensamos que no podemos, resulta más difícil”, lamenta.
Sin embargo, el esfuerzo merece la pena. “Lo importante y lo difícil de entender es que la meditación es algo muy sencillo”, afirma Freeman, quien distingue meditación de otra serie de prácticas, muy populares, como el mindfulness. “Mucha gente piensa que el mindfulness es un paso anterior a la meditación. Puede que tenga razón”. Para el británico, “en la práctica del mindfulness, la atención permanece sobre nosotros, sobre nuestras sensaciones físicas, nuestras emociones… En la meditación tienes que quitar la atención de ti mismo, y dejar de pensar en uno mismo es mucho más complicado. Sin embargo, es una experiencia mucho más transformadora”, corrobora.
Como especialista en meditación cristiana, Freeman recuerda la importancia de esta práctica. “La religión corre el peligro de ser demasiado exterior. La verdadera experiencia con Dios es la interior, y eso es algo común a todas las religiones. Si no, corren el riesgo de volverse fundamentalistas, triviales o supersticiosas. Nuestra labor como comunidad es ayudar a recordar y redescubrir la dimensión contemplativa”.

Laurence Freeman es un monje benedictino que lleva más de cuarenta años difundiendo los beneficios de la meditación. Fundador de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana, dirige una red internacional de 27 centros y más de 2000 grupos semanales de meditación en 100 países. Autor de una decena de libros, nos inicia en esta fascinante forma de viaje interior.