Educar también es ...

Abrimos nuevo rincón en nuestra web como recurso práctico y eficaz de crecimiento personal y por tanto familiar, porque educar también es ...

#SéUnHéroe#DonaVida

Laurence Freeman

Existen pocas cosas tan transformadoras para la vida de una persona como la meditación. Laurence Freeman puede asegurarlo. Este monje y sacerdote benedictino, nacido en Londres, lleva más de 40 años enseñando a meditar a católicos y no católicos, a través de sus libros y de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana.
Freeman comenzó en esto de la meditación en la universidad. “Estaba en mi primer año de Literatura Inglesa cuando conocí a un monje llamado John Main. Había sufrido algunas pérdidas familiares y tenía bastantes preguntas, así que fui a verle. Al final de una de nuestras conversaciones me habló de la meditación. La primera vez que la practiqué pasó algo en mi corazón, algo que mi cerebro no entendía. Desde el primer momento supe que era algo muy auténtico, algo que quería explorar”.
Tras aquel primer contacto, comenzó a practicar con regularidad. Acabó ordenándose sacerdote y decidió fundar el primer Centro de Meditación Cristiana en Londres, en 1975, origen de la actual Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana que preside.
UN VIAJE AL CORAZÓN
El padre Freeman asegura que medita una media de cuatro veces al día, dos por la mañana, una al mediodía y otra por la noche. Una enorme experiencia avalada por sus palabras. “Para mí, la meditación es una forma de conectar con el centro de mi ser. Y como para San Juan de la Cruz, el centro de mi ser es Dios. La meditación sería el viaje que todos hacemos de la mente al corazón, el corazón como símbolo del centro del ser humano, del espíritu. Meditar es un respiro de paz, de energía, una forma de ser libres de los miedos, de la inseguridad, la ansiedad… En definitiva, es una forma de amor”, asegura.
No parece un mal remedio para una sociedad como la nuestra, en la que abundan -quizá más que nunca- miedos e inseguridades. Una idea que suscribe Freeman. “El ser humano es eminentemente el mismo, pero la intensidad de nuestros problemas ha crecido. Solo hay que mirar la crisis medioambiental, que es más peligrosa que antes porque es universal, algo que aumenta su magnitud”, afirma. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para obtener más riqueza, vivir más tiempo…? ¿Estamos dispuestos a perder la salud mental, la del planeta, la familia…?, se pregunta Freeman. “Corremos el riesgo de perder la humanidad. Y la meditación es una estupenda forma de recuperarla”, asegura.
MEDITACIÓN PARA TODOS
La meditación, como todas las cosas que merecen la pena de la vida, está al alcance de todos. Según Freeman, todos tenemos la capacidad de meditar. “La prueba es que el otro día fui a meditar con 120 niños de entre 7 y 11 amos en una escuela. Los niños tienen una capacidad natural para meditar y les encanta. Si les preguntas la razón dirán que les hace felices, les da tranquilidad. Tenemos un instinto natural para la meditación que conservamos a lo largo de nuestra vida pero que se va desdibujando porque vamos adquiriendo bagaje, nuestra vida se vuelve más compleja… y pensamos que no podemos, resulta más difícil”, lamenta.
Sin embargo, el esfuerzo merece la pena. “Lo importante y lo difícil de entender es que la meditación es algo muy sencillo”, afirma Freeman, quien distingue meditación de otra serie de prácticas, muy populares, como el mindfulness. “Mucha gente piensa que el mindfulness es un paso anterior a la meditación. Puede que tenga razón”. Para el británico, “en la práctica del mindfulness, la atención permanece sobre nosotros, sobre nuestras sensaciones físicas, nuestras emociones… En la meditación tienes que quitar la atención de ti mismo, y dejar de pensar en uno mismo es mucho más complicado. Sin embargo, es una experiencia mucho más transformadora”, corrobora.
Como especialista en meditación cristiana, Freeman recuerda la importancia de esta práctica. “La religión corre el peligro de ser demasiado exterior. La verdadera experiencia con Dios es la interior, y eso es algo común a todas las religiones. Si no, corren el riesgo de volverse fundamentalistas, triviales o supersticiosas. Nuestra labor como comunidad es ayudar a recordar y redescubrir la dimensión contemplativa”.

Laurence Freeman es un monje benedictino que lleva más de cuarenta años difundiendo los beneficios de la meditación. Fundador de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana, dirige una red internacional de 27 centros y más de 2000 grupos semanales de meditación en 100 países. Autor de una decena de libros, nos inicia en esta fascinante forma de viaje interior.